viernes, 17 de agosto de 2012

NO ES CUESTIÓN DE IMAGEN, ES CUESTIÓN DE IDENTIDAD (crítica a periodista del tiempo Ricardo Silva)

Crítica a la Columna publicada por el periodista Ricardo Silva Romero del Tiempo. Según la cual "*Sólo llegaremos a ser una marca el primer día de nuestra posguerra: el día remoto en que seamos capaces de la reconciliación" * http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/ricardosilvaromero/marcha-_10969403-4 

                             NO ES CUESTIÓN DE IMAGEN, ES CUESTIÓN DE IDENTIDAD


De entrada, es bastante discutible utilizar la palabra marca como una analogía de la cultura colombiana; pero si así fuera,  considerando que marca indica un  otorgamiento para el uso de un derecho exclusivo que identificará un producto, en Colombia no hay un producto único, lo  que impide la identificación de un todo; podríamos hablar de un portafolio bastante amplio de pequeños malos productos  sin que entre sí tengan  concretamente un rasgo definitorio o distintivo, que los haga  al menos en suma, una sóla marca.  

Ser una marca es el producto de un trámite jurídico para representar intereses y dinero, ser una simple marca no es más que un color, un diseño y un talento humano trabajando para valorizar lo que por supuesto no es de goce público sino para el interés privado (sea para el Estado o para la empresa privada) pero sin percibirse los unos a los otros como semejantes, sin lazos fuertes que los una; es decir,  trabajan juntos por una "marca", pero juntos están lejos de ser un todo; señoras y señores, así las cosas, y en virtud de quienes entienden identidad como marca, tengo el placer de presentarles al Régimen Autoritario Alemán del siglo XIX y XX, quienes pensaron una sociedad de marca y la obtuvieron, fue aquella muy conocida de color blanco, con diseño cuadriculado y trabajando para engrandecer la marca “Estado Alemán”, óigase bien, Estado Alemán no Nación Alemana. No quería decirlo tan pronto, pero lo siguiente a lo anterior necesariamente es: La identidad de una nación, va mas allá de una imagen corporativa. Entender a Colombia como una marca sí y sólo sí cuando exista una reconciliación y pisemos la posguerra  tal como lo piensa el periodista Ricardo Silva Romero, es un absurdo cuando se toma en el sentido literal; tener una Colombia con identidad –o con marca- nos convoca a configurar la  unidad del sentimiento nacional habiendo dirimido y emparejado los antagonismos contra las súplicas de nuestras minorías imperfectamente asimiladas, como sucedió varios siglos atrás en Francia, Inglaterra, Italia y Alemania como resultado de asumir con la revolución de las ideas la misma necesidad de identidad que hoy nos atañe a los colombianos.

Sin embargo, para seguir con el hilo del texto al que hago crítica, hablaré de marca cuando en realidad el término apropiado sería identidad.  Para definir con tino y gracia un Estado verdaderamente nacional como el que queremos, hace falta establecer una forma en donde todos los elementos de una cultura, es decir moral, hábitos, religión y arte forman una unidad. Por tanto, muy a pesar de lo que han venido pensando Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos,  la marca de un país no se busca en el diccionario y entonces se adjudica, ni mucho menos se impone de la manera más básica y mediocre apelando a lo inmundo y vergonzoso de nuestros malos hábitos: Colombia es pasión. Esos hábitos borrachescos y viciosos, a título de los cuales estos grandes ganadores de la partitocracia colombiana han hecho sumir nuestra nación en una identidad falsa, conformista, pero sobre todo alcahueta; ligada además, a la palabra verraquera,  de la cual decir que todo quien se reputa en esta palabra y la practica, generalmente cree en ella como una cualidad única que silenciosamente legitima los medios más bajos y censurables para lograr lo que a bien considera, estando ante la cualidad motor de los enemigos número uno de cualquier cultura: La corrupción, el provincialismo, el engaño, y la trampa en general.

Estoy hablando de una nación, que excusada en este slogan, es exhortada a caminar de para abajo, como cuando uno es pasión, eligiendo ser más un animal de cualquier especie menos de la humana; en lugar de promover un slogan, que en lugar de la pasión, incentive la recta razón porque es ésta última la que endereza las cosas hacia un fin más perfecto que el actual.    La marca es un resultado histórico, no se inventa, sino que se busca a través de una dialéctica de naturaleza racional, a partir de la cual se desmenuza la historia hasta llegar a nuestros más profundos rasgos y clamores, en un proceso exhaustivo de búsqueda de la verdad que al final nos conceda la autoestima nacional que jamás hemos conocido.
   
Contrario a lo que piensa Ricardo Silva Romero en atención a lo que dice el Inglés  Simon Anholt, es totalmente cuestionable la veracidad de una frase cuyo contenido es francamente ciego y desacertado, quizás todo tenga que ver con la facilidad que tiene el periodista de combinar alocadamente juicios de orden económico con otros de orden meramente cultural, siendo estos últimos los de su interés en la columna publicada.

"Los buenos gobernantes de hoy -dice el experto inglés Simon Anholt- en realidad son buenos gerentes de marca". Pero lo que el periodista no  entendió es que para ser algún  gerente de marca, primero hay que tener marca. Así que, el discernimiento de Anholt no aplica para Colombia. Sin embargo, lo que el Inglés quiere destacar, es la importancia de que un jefe de Estado, al ser un fiel exponente de su cuna, represente con altura los intereses políticos y económicos de una nación frente a la comunidad internacional,  es cuestión de imagen, no se trata de marca  o identidad.

Tener una marca, va mucho más allá de poner fin a guerras, va más allá del exterminio del narcotráfico. Todas necesarias, pero hace falta mucho más. Por ejemplo, extinguir esta cultura política de sangre, colores, tendencias e ideologías insanas, que nos hacen más rivales que complemento y enaltecen lo más vil de la condición humana: La prepotencia, la ambición, el egoísmo y la inecuanimidad, que conducen al delito.

En Colombia, la paz llegará cuando disminuyamos la  Violencia Estructural. Por cuenta de ella existe en nuestro país el  desempleo, la explotación, la mala administración y asignación de recursos comunes y de seguridad social, de riqueza, de servicios públicos y demás factores indicadores de desigualdad en Colombia.

Pero reitero, hablar de paz no es hablar de marca, para ser una marca estaría de más anunciar en voz alta toda la verdad como sugiere el periodista, esto sería entrar en el juego de colombia es pasión. Hace falta el revisionismo histórico juicioso y racional; debemos alcanzar cierto nivel de identidad, al menos hasta cierto nivel debemos ser iguales; este grado de identidad necesario  sólo es posible a través de los principios y de los valores morales mediante la ética, para que  habiendo alcanzado ya un mínimo de coincidencias podamos permitir que la Política haga lo propio, que sea la manera en la que creamos consenso y no enemigos. Al respecto, Pierre Calame decía: La declaración y el respeto de principios comunes, son el fundamento y la condición misma de la convivencia. Así mismo, estos mismos principios comunes de tipo moral en repuesta a lo que hemos sido y queremos ser, serán nuestra regla de reconocimiento, el sustrato de identidad sobre el cual se podrán erigir elementos ulteriores de identidad, que nos permitan ser una marca.

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