VACACIONES CON MIS PRIMOS DE NUNCA VOLVER JAMÁS.
(I PARTE)
Es este mi primer blog. Lo aclaro porque ando merodeando el teclado para saber qué escribir y eso puede conducir a que hable de mucho y de nada en concreto al final; sin embargo, lean con detenimiento, algo interesante encontrarán. Hoy estoy en Bucaramanga, la única diferencia entre ésta vez y las últimas es que traigo un corazón que late no más por mi. No traigo de esas nostalgias que ofenden, me refiero a que llegué amándome a mi mismo, y mucho más a mis papás.
Miento, no es la única diferencia. En el plano familiar un primo se emancipó con una de las mujeres más ácidas y rústicas que he conocido en mi vida, esto -afirmo yo por lo que rumoran sus mañas- tras haberse dejado embarazar. Mi otro primo, decidió entrarle al sexo sin caucho y embarazó a una niña desorientada de 19. Y el último de los tres, exhaló del viento del amor y se intoxicó como bien lo ha hecho cuando le da por quedarse sin oxígeno.
Me refiero a que, sin darme cuenta todo cambió. Hoy debería(mos) estar en algún punto de la ciudad improvisando, tomándome una michelada y hablando de lo grande que es Bogotá y lo pequeña que es Bucaramanga, de lo que pasó con talsita y preguntando por cualsita y recordando aquellas épocas alcoholizadas en las que mis primos y yo supimos hacernos amigos, grandes amigos. En el fondo pensábamos que no creceríamos mucho, y asi fue, no maduramos. Es sólo que la vida te pone en la medida de los años, y por eso ahora ellos son niños con vidas de grandes, y yo un tipo algo más maduro que ellos siendo menor tratando de evitar el peso de la edad y de resistir el de mis miedos. Estoy en la época en la que me importa más lo que piensen mis papas, ya no lo que piensen los demás. Es apenas natural, tras 27 años sólo ellos me han dado todo.
Otra diferencia es que mi hermano no está, y todo en conjunto hace que yo la pase leyendo Derecho Penal, haciendo ejercicio y twittiando, aparte de apretar culo para que mis próximas vacaciones en Santa Marta sean en algo parecidas a las gloriosas de hace unos años junto a todos los anteriormente mencionados. Si hay algo que no podrá ser ya, por las causales mencionadas, será aquella premisa que llevabamos desde antes de pisar Rodadero, de: " A nosotros nos gusta beber birra en Sta Marta a lo bob Marly: No Woman, No cry. Sin esposa ni crios"; sin embargo, espero que algo especial suceda, algo especial sucedía siempre, aunque esos sucesos, por exceso o imprudencia, me hubieran traido duros golpes en la vida posteriormente.
(II PARTE)
La verdad es que el final de una manera de "pasar las vacaciones", amerita al menos escribírmelo a mi mismo, cada que con gratitud y aprecio encuentro tantas enseñanzas aprendidas, tantos buenos momentos y recuerdos a color, que me dan vida y retocaron mi identidad. A esta familia, mi familia paterna, le debo el haber aprendido el valor de la unidad, pero sobre todo el de la incondicionalidad.
Ya mi tio Lio no bebe como antes, y yo tampoco. Los tiempos de su restaurante al son de Salsa y Aguardiente Cristal han pasado a la historia, porque ahora mi tío hace las veces de Padre, y lo intenta haciendo las veces de esposo, sin hacerlo nada mal, aunque siempre haciendo mejor la primera que la segunda. Bién por él.
El poco afecto que le tengo a la música latina, con excepción especial a la salsa, es gracias a mis primos y a Lio, quienes le encontraban especial sabor al "aguardiente con salsa". Ahora sé que nunca entrañé tal afecto por la Salsa, fué no más una manera de recordar cuánto quería a esta cofradía de bacanes.
Mi padre siempre tuvo el buén hábito de traernos a mi madre, a mi hermano y a mi a Bucaramanga, y yo siempre tuve el buen hábito de avergonzarlo con mis borracheras de los 1000 demonios. Sin embargo él me perdonó, y yo a mi mismo también. Ahora las cosas son distintas: Ya no hay más terraza cada noche, con brandy o aguardiente al paso de Pearl Jam, "La llorona" o "Quisera ser alcohol" de Caifanes en 1998, y de tanto Hard Rock que escuchábamos, o de dos guitarras queriendo sonar melancólicas y haciéndonos sentir hermanos.
(III PARTE)
Nunca nosotros perdimos ese ánimo poderoso de llegar a verlos, nunca ellos perdieron esa gana abrumadora de recibirnos a mi padrea, mi madre, mi hermano y a mi con los brazos abiertos, y con botellas también. Esas que como por magia se triplicaban en la terraza, donde con ellas o sin ellas, terminábamos platicando tras horas de haberse apagado las luces de la cancha de arena. Una cancha gigante, que reposa en imágenes y recuerdos, y que merecería un capítulo aparte.
Lo que se va no vuelve. Y todo indica que a pesar de una evidente melancolía, será la única que he sentido que no duele, que no me entristece. Sólo sentí sobre mi el peso de algo que todos creemos entender siempre muy bien: Las cosas cambian. En todo caso ojalá no hubiera sido así. Mucha suerte a toda la cofradía, Dios los bendiga, y por supuesto siga bendiciendo a mi Padre, a mi Madre, a mi Hermano y a mi, protégiendonos y proveyédonos, porque en Tí Dios, todo lo podemos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario