viernes, 13 de enero de 2012

SI NO LE GUSTA LA CURSILERÍA NO LEA ESTO. UNA NOCHE DE AGOSTO DE 2009

Ella permanecía junto a mi por cosas, pero en el fondo sabía que no era feliz conmigo. Agradecía mis deseos de verla mejor y de quererla profundamente, pero al final su desamor causó que esos deseos míos resultaran insuficientes. Se hartó. Y se hartó viendo mis defectos y  los desalcances propios de la coyuntura profesional en la que vivía yo. Se hartó sin ayudarme, sin enterderme. Decidió largarse diciéndome que nunca me había amado en realidad, y que ahora que ella ve todo distinto quiere hacer su vida, porque además, la mia se le hace superflua y mi mentalidad absurda, sin siquiera entrar a querer entender lo que pasaba. Sólo me dejó ante mi primer muestra de imperfección.

Ahora entiendo esa escena otoñal ,  rojiza  y neblinosa en esa tienda-bar con aire insospechado de mala muerte al que llegamos después de que yo tomase la decisión de quererle demostrar que conmigo aun había magia. Allí procuré sacar mi lado laxo y tranquilo, ese que tan naturalmente un día me unió a su amistad y a su amor. Ella sólo me miró a los ojos, y con su mirada confesaba convencida, observar en mí el rostro más bello, y con premura añadió verbalmente: "tengo tantas razones para amarte… Son más de las que yo pudiera imaginar". Yo sólo sonreí  discretamente y no quise preguntar lo que súbitamente preguntaba mi mente, para no dañar un momento que parecía justo y entrañable. A sus palabras las sucedía un silencio,  era  un punto final en su palabra y unos suspensivos en su mirada, como si faltara algo. En ese vacío silencioso, yo le preguntaba confundido con mis ojos ¿Si hay tantas razones para amarme por qué putas pareciera que no me amas?, ¿Si tanto te gusto por qué empobreces nuestra relación tan vilmente?.   

Yo, como siempre, creía idiotizado en su insostenible palabra, en su mirada tóxica y gaseosa,  mirada que en ese momento conspiraba una confrontación soliloquial de ella versus ella y que yo no escuchaba, un diferendo interior entre  sus razones y sus verdaderos sentimientos hacia mi, entre lo teórico que muy pocas veces funciona, y lo práctico que sí funciona y nunca entiendes por qué. Fue ese día en el que frente a mi, conjeturó y entendió que por más razones que tuviera para amarme, no me había amado nunca.

Esa fue la antesala a la celebración del cumpleaños de un viejo amigo, la farra estuvo pésima, además en el peor sitio al que he ido en más de  10 años de concurrir la zona rosa de Bogotá. Mientras para mí la noche no pasaba de ser un fracaso nocturno, para ella éste fracaso  fue el vaticinio del mayor fracaso de todos, no el de una noche de mala farra y disentimiento, sino el de más de cuatro años de amistad y de noviazgo, y como consecuencia del hueco más grande que una mujer abrió en mi alma.

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